El Lenguaje del Autoestima

La semana pasada os hablamos de cómo fomentar el autoestima en vuestros hijos, esta semana vamos a dar un paso más y hablaremos de algo que introdujimos en esa misma entrada, el lenguaje del autoestima.  El lenguaje que empleamos con los niños es el mecanismo más potente que tenemos para comunicarnos con ellos, para trasmitirles lo que pensamos, lo que deseamos, lo que esperamos de ellos y por supuesto para poder desarrollar una alta autoestima. Hacerlo de una manera adecuada resulta fundamental y, aunque al principio pueda resultar algo difícil (obviamente es más sencillo dejarnos llevar por nuestros impulsos pero, al fin y al cabo, a ellos le pedimos que tampoco se dejen llevar por ellos) pronto podremos encontrar cómo la comunicación se vuelve más fluida y eficaz.

¿Cómo elogiar a mi hijo?

Generalmente todos los niños buscan la aprobación de sus padres y es ésta búsqueda la que suele modelar su conducta (siempre preferirán tener la atención de sus padres aunque sea por algo malo). Por ejemplo, cuando les elogiamos por hacer los deberes solos, ellos obtienen el mensaje de que esta bien y que su conducta es aceptable, esto ayudará a que vean cómo obtener nuestra atención de una manera positiva (obtendrán un refuerzo) y probablemente aumenten las posibilidades de que lo repita.

Pero el lenguaje de la autoestima hace mucho más que comunicar aprobación, les ayuda a aprender a reconocer que aquello que hacen tiene un valor importante y, a consecuencia, sentirse orgullosos. Pueden aprender a elogiarse a si mismos y a reconocer y valorar sus propios esfuerzos y capacidades. El lenguaje de la autoestima, cuando halagamos, tiene tres componentes:

Componentes del lenguaje del autoestima

Describe su conducta

Cuando un niño realiza una conducta ésta debe ser interpretada sin entrar a juzgar al niño. Es importante distinguir entre la valía de tu hijo y su conducta. Esto es sumamente importante. Frecuentemente se cae en el error de etiquetar a los niños: “este niño es muy malo”, “es hiperactivo”… Los niños no son malos aunque a lo largo del día realicen conductas que nos desagradan. Tampoco un niño es bueno por sacar buenas notas, es bueno simplemente por existir, porque es alguien importante para nosotros. El describir las conductas tal y como son (lo que vistes, oiste, o lo que sucedió) nos ayudará a actuar sobre los problemas de una manera más objetiva y dando una solución rápida sin infravalorar al niño y sin etiquetarlo.

Explica qué reacciones provoca su conducta

El lenguaje de la autoestima es un lenguaje que comunica algo acerca de si mismo. A los niños les resulta más fácil moverse en este mundo cuando sabe por qué las personas de su entorno reaccionan como reaccionan.

Reconoce los sentimientos de tu hijo

El lenguaje de la autoestima valida la experiencia de tu hijo. Es imprescindible reconocer los esfuerzos de tus hijos aunque el resultado no haya sido exitoso.

Ejemplo de cómo elogiar aplicando los tres componentes:

Ana hace un dibujo en la escuela. Cuando llega a casa se lo enseña con orgullo a su padre. Este le dice entusiasmado ¡Has hecho un dibujo! Pero Ana realmente no sabe que es lo que le gusta realmente de su dibujo. Como consecuencia Ana no puede decirse a si misma que es lo mejor de su pintura.
Vamos a utilizar el lenguaje de la autoestima. El padre de Ana podría haber dicho: ¡Has hecho un dibujo! (descripción). Veo un barco con un señor vestido de amarillo y con un cielo lleno de pájaros. Me gusta mucho el color del cielo que has elegido y también el barco que es muy grande y tiene hasta una bandera (reacción). Te debe haber costado mucho trabajo hacerlo tan bien (reconocimiento). Es importante ser generosos con el elogio. Este ayudará a verse uno mismo de una manera más positiva.

¿Qué tenemos que evitar cuando elogiamos a nuestros hijos?

Elogio ambivalente

De la misma forma que es necesario evitar el elogio excesivo también es necesario no utilizar el elogio ambivalente. Cuando damos un elogio a los niños no podemos al mismo tiempo recordarle todos los fracasos que ha tenido con anterioridad.
Ejemplo de elogio ambivalente: “Te has tomado el desayuno, ¿Estás malo?”
Ejemplo de elogio positivo: “Has recogido todos los juguetes”. “Lo has hecho muy bien. Sabía que lo harias”. “Me alegro de que los guardaras todos.”

Elogio excesivo:

A veces puede ocurrir que se elogie excesivamente y a los niños esto pude provocarles una gran incomodidad y el efecto contrario al que nosotros esperábamos. Por ejemplo puede darse el caso de que lo elogiemos por portarse “bien” y él se empeñe en mostrar su rebeldía.

¿Cómo corregir a nuestros hijos?

Si es importante el uso cuidadoso del lenguaje cuando se elogia aún lo es más cuando se corrige al niño. Los padres enseñan a sus hijos a controlarse y a to mar responsabilidades. Para poder hacerlo y que los niños sean receptivos a este aprendizaje es necesario que se cuide el lenguaje de la autoestima. Si corregimos al niño con insultos o rechazo el niño se sentirá enojado o resentido y lógicamente aunque nos llegue a obedecer puede sentirse mala persona o que realmente nunca hace nada bien. Los correctivos utilizando el lenguaje de la autoestima permiten al niño cambiar su conducta sin sentirse mala persona.
El lenguaje que debemos utilizar en la corrección de la conducta consta de cuatro pasos:

4 pasos para corregir la conducta de nuestro hijo

Describe su conducta

Utilizando siempre un lenguaje no valorativo, es decir, se describe la conducta tal y como es sin hacer juicios sobre ella
Por ejemplo: “la habitación no esta recogida”, “los juguetes están tirados por la habitación”, “Tu ropa está tirada por el suelo”

Explícale el porqué del cambio

Darle una explicación de por qué ha de cambiar su conducta ayudará a que comprenda que las cosas tienen un motivo, además entenderá que lo hacemos por ese motivo y no por otro (como hacerle rabiar)
Por ejemplo: “Cuando ordenes la habitación tendrás más espacio para jugar”.

Reconoce los sentimientos de tu hijo

Reconocer sus sentimientos, hacernos cargo de lo que sienten y reflejar que entendemos su esfuerzo es algo positivo que puede contribuir  a que vean que les entendemos y que probablemente hagan las cosas de mejor gana
Por ejemplo: “Veo que estás muy enfadado”, “Comprendo que estas muy cansado”.

Dí cláramente lo que esperas

Decirle claramente lo que esperamos de el/ella va a contribuir a que sepa lo que tiene que hacer, dar una larga explicación con largos razonamientos solo facilitará que su atención se disperse, deje de atendernos y, por tanto, se pierda.
Por ejemplo: “Necesito que recojas la ropa tirada en tu habitación”. “No cojas las cosas de la habitación de tu hermana”.

Ejemplo de cómo corregir aplicando los cuatro componentes:

Paula tiene tirados todos los juguetes por la habitación. Su madre quiere que ordene su cuarto y para ello utiliza el lenguaje de la autoestima:
“Veo los juguetes tirados por toda la habitación (descripción de la conducta). “Cuando tu habitación está ordenada tienen más sitio para jugar” (razón para el cambio conductual). “Posiblemente no sepas por donde empezar” (reconocimiento de sentimientos). “Quiero que en la próxima hora pongas los juguetes en el baúl y los libros en la librería” (formulación clara de lo que ha de hacer).

¿Qué evitar cuando corregimos a nuestros hijos?

Hipergeneralizaciones:

Generalmente cuando las aplicamos suelen subrayar la conducta negativa ignorando la positiva, además no son ciertas (es muy difícil que algo ocurra siempre o nunca) y esto puede suponer un punto de conflicto y discusión con nuestro hijo, que lo verá como algo injusto.
Por ejemplo: “Siempre tienes el cuarto hecho una porquería”,
“Nunca recoges tus juguetes cuando acabas de jugar”, “Lo único que te preocupa es ver la televisión”.

El trato silencioso:

Si estás enfadado/a puede ser más favorable postergar la comunicación con él hasta que estemos más tranquilos, que intentar hablar en ese momento en el que estamos alterados, eso sí asegúrate de tener ese momento para hablarle y comunícaselo claramente. Si no se le habla o incluso se le mira mal puede sentirse personalmente rechazado.

Amenazas vagas o violentas

Lo único que generan es miedo. Los niños pequeños no entienden de metáforas o de lenguajes figurados por lo que cualquier comentario de estos en su imaginación puede resultar algo realmente terrible.
Por ejemplo: “Hazlo otra vez y verás lo que te pasa”. “Cuando lleguemos a casa te vas a enterar”. “Te voy a abrir la cabeza como cojas una figura”.

Esperamos que os haya gustado la entrada de hoy y hayamos podido contribuir a una mejor comunicación con vuestros hijos. Hablarles bien no solo ayuda a que nos comprendan mejor, recordad que nuestros hijos son auténticas esponjas así que, comunicarse usando el lenguaje del autoestima también va a hacer que ellos lo empiecen a usar, consiguiendo una mejor socialización y expresión de sentimientos y emociones.

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